martes, 31 de octubre de 2017

¿Qué hacer en Dubái en 4 días?


Mi aventura en Asia comenzó, después de pasarnos todo el día entre vuelos y escalas, en Dubái. Aquí cuento lo que hicimos durante esos cuatro días en los Emiratos Árabes.
PRIMER DÍA: DUBAI MALL, BURJ KHALIFA, FUENTE NOCTURNA.

Llegamos a las cinco de la mañana a Dubái después de 20 horas viajando. Investigamos sobre cómo llegar al centro de la forma más económica,  en este caso, por metro o guagua. 

Tanto para uno como para otro hay que comprar unas tarjetas de transporte que valen 25 Dirhams (casi 6€) y el trayecto cuesta en base a la distancia o zona. Del aeropuerto al centro fueron 3 Dirham (como 75 céntimos de Euro).  Durante todo el viaje, lo máximo que cobraron fue desde nuestro hotel (Dubai Palm Hotel) a la zona del Burj El Arab, el hotel con forma de vela y que es el único con 7 estrellas en el mundo, pagando 7,50 Dirhams (1,70€). Rápido, claro, limpio y sencillo de utilizar, aunque en nuestro último día, viéramos lo caótico que puede llegar a ser también.  Y es que parecía el metro de Tokyo por cómo la gente se empujaba para entrar.

Llegamos al hotel a las siete de la mañana y no teníamos el check in hasta las doce del mediodía. Ofrecimos pagar un poco más para entrar antes pero nos dijeron que hasta las doce no se podía hacer nada, por mucho que supieran que llevábamos todo el día viajando. Así que tratamos de dar un paseo para comer algo y todo estaba cerrado. Hasta que después de seguir caminando un rato más encontramos un supermercado 24 horas y compramos algo de comer y beber. Después de eso, nos volvimos al hotel porque el calor a esa hora de la mañana ya era sofocante. Nos sentamos en un sillón y allí mismo, sentados, nos quedamos dormidos. Por fin, y después de más de cuarenta siestas de “dos minutos y medio” llegaron las 12 y pudimos entrar a la habitación.
Hotel Palm Dubai
Nos dormimos tres horas, nos preparamos y salimos al Dubai Mall y Burj Khalifa, que tienen su propia parada de metro y están el uno al lado de otro. El transporte desde el hotel nos costó 5 Dirhams (un poco más de un Euro).

Con un tamaño de más de 50 campos de fútbol, con una pista de hielo de tamaño olímpico, una cascada de tres pisos, un acuario enorme y con más de 1200 tiendas, no me sorprende que sea el centro comercial más grande del mundo. Menuda barbaridad, impresionante.

Una vez sales, con nada más y nada menos que 858 metros de altura, se encuentra el Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo, con el ascensor más rápido del mundo, y que sube 124 pisos en exactamente 60 segundos. Siento que en este país todo es “el más (introduce aquí lo que quieras) del mundo”. En la parte de fuera de tanto del centro comercial de Dubái como de esta maravilla de la arquitectura imposible,  se encontraban las famosas fuentes. Estas fuentes fueron diseñadas por los mismos ingenieros que diseñaron las fuentes del Hotel Bellagio en Las Vegas y que atraen a miles de turistas cada día a esa ciudad, también creada en medio del desierto. No podría decantarme ni por las de Las Vegas ni por las de aquí, porque ambas tienen su encanto y son un espectáculo para los sentidos, pura magia ver el agua bailar al ritmo de la música.
El horario es de seis de la tarde a once todos los días, y ocurre cada media hora. Por las mañanas, solo a las 13:00 y 13:30, y si es viernes, también otra vez a las 14:00.

SEGUNDO DÍA: VISITA A ABU DHABI, MEZQUITA SHEIK ZAYED.

En nuestro segundo segundo día, vamos camino a Abu Dhabi, por 50 Dirhams (12€) por un billete de ida y vuelta, y usando la misma tarjeta NOL de transporte de la RTA. El trayecto tarda aproximadamente dos horas, en las que tanto Dany como yo nos quedamos dormidos. El aire acondicionado va bien fresquito, aunque esta vez, soportable.

Una vez llegados a la estación principal de guaguas de Abu Dhabi, nos metimos en un centro comercial a comer y así aprovechar para coger algo de wifi y buscar en el mapa cómo llegar a la preciosa, increíble, fantástica y extraordinaria Sheik Zayed Mosque. Espero no quedarme corto con calificativos de tan bonito lugar. Como el precio de la gasolina es de risa en los Emiratos Árabes, los taxis suelen ser bastante baratos, aunque no por ello no te la intentan hacer. Pagamos 33 Dirhams (7,50€) por un trayecto de 35 minutos. El conductor, futbolista nigeriano frustrado que vino a Abu Dhabi a probar suerte en el mundo del fútbol, al darnos el cambio, lo hacía muy lentamente y entregando el dinero “poquito a poquito” para ver si así nos quedábamos contento con el cambio de menos y nos íbamos dejándole ese dinero extra. Le dijimos que nos faltaba cambio, nos dio algún billete más, y volvía a hacer lo mismo. Hasta que ya nos pusimos serios y nos devolvió todo el cambio que nos correspondía.

Durante el camino ya se veía la inmensidad de la mezquita, siendo la mayor mezquita que hay en los Emiratos Árabes y la número 15 en el mundo.  Una vez frente a ella, te das cuenta de la genialidad de los arquitectos para diseñar tremendo edificio. Su cubierta es de un color blanco puro debido al mármol traído de Macedonia y decorado, por muchas partes, con motivos florales y oro. La mezquita cuenta con un corredor cubierto con infinidad de columnas, un patio interior (el que nos pareció sumamente fotogénico) y otro exterior con fuentes y pequeños estanques de fondo azul.  Además, cuenta con varias salas de abluciones justo al lado de los baños. La sala de rezo principal cuenta con una alfombra de 5627m2, siendo la alfombra más grande del mundo…¿recuerdan eso de que aquí todo es lo más…del mundo? Pues otro ejemplo más.
En cuanto a la vestimenta, siempre hay que llevar ropa adecuada y respetuosa. Para los hombres, hay que llevar pantalones que cubran, al menos, hasta la zona de las rodillas y siempre con camisetas con mangas, ya sean cortas o largas. Una vez pasas una determinada zona, hay lugares para dejar el calzado y se entra descalzo.  Para las mujeres, deben estar totalmente cubiertas, manga larga, pantalón o vestido largo (no vestimenta apretada) y también hay que cubrirse el pelo.
En caso de no llevar ropa adecuada, ellos te prestarán algo allí, tanto a chicos como a chicas. Nos hubiera gustado no haberla llevado puesta y así nos hubieran tenido que prestar una de sus molonas vestimentas. Así que tomen nota si quieren vestir algo típico, eso, o comprarla en uno de los muchos puestos que hay en los zocos de Dubái a un bajo precio.

Tres veces nos llamaron la atención: la primera, porque en la parte de los estanques y con vistas desde fuera de la mezquita nos estábamos haciendo unas fotos con las manos abiertas (imagino que porque puede simbolizar la cruz, fuera de su religión). Una vez en el patio principal, por hacer símbolos en las fotos (el típico “hang loose” o típico gesto que hacen los surferos o nuestro ídolo futbolístico Ronaldinho) y, por último, por llevar cargando las sandalias en la mano en lugar de haberlas dejado en los lugares correspondientes. Tres lavadas de cara en aproximadamente tres horas en la mezquita. ¡Vaya vergüenza!
Tampoco se puede besar (eso no fue problema estando con Dany), tampoco puedes abrazarte a alguien (ni siquiera pasarse la mano por el hombre para una foto), ir de manos ni sacarle foto a alguna mujer musulmana sin su permiso.  Nos sorprendimos un poco con lo estrictos que eran. Me pregunto si aplican todo este protocolo para la vida y respeto hacia lo ajeno cuando visitan otros lugares… En cuanto a nosotros, nos estamos rigiendo (por lo general) por la frase que Pablo me dijo en Holanda cuando estábamos en la sauna del gimnasio y estaban todos desnudos, “allá dónde vayas haz lo que vieres”.  Aprovecho desde aquí para mandarle un saludo tanto a él y a Chiara y que como cada año, nos tocará vernos por Junio (espero que sí y vengan a visitarme por aquí).

Tanto el aparcamiento, como la entrada y los tours guiados (en inglés) son gratuitos.

TERCER DÍA: DUBÁI

Entre que nos pusimos a hablar sobre el día y que, finalmente, decidí raparme a la bola, nos dieron las seis de la mañana, así que nos levantamos bastante más tarde de lo esperado.

El plan para el tercer día fue ir a la playa Umm Suqein, que es la playa pública que está justo al lado del hotel Burj Al Arab. Al Burj Al Arab se le conoce como al único hotel de siete estrellas del mundo, aunque no haya sido el propio hotel el responsable de calificarlo como tal. Dicen los afortunados que han podido quedarse que su trato es exquisito y, que como todo en Dubái, el lujo es su seña característica.
Nosotros nos conformamos con unos bañitos, un precioso atardecer y muchas risas. Totalmente recomendado y, además, ¿qué mejor manera para refrescarse de temperaturas de hasta 45ºC que con un bañito? Lo único que le falta a la playa es un chiringuito para poder comprar algo de comer y beber, de resto, merece mucho la pena para pasar una tarde por allí.
Para llegar aquí cogimos el metro, nos bajamos en la parada Emirates Mall y nos echamos a caminar. Fueron como 30 minutos caminando para llegar a la playa bajo un calor infernal. La vuelta, después de pasarnos por un zoco cercano y tomar algo, la hicimos en taxi.

No estuvimos por la zona del Jumeirah Palm, la isla artificial con forma de palmera pero seguro que en algún momento volveremos. Queda pendiente en “la lista de cosas por hacer” tirarse en paracaídas justo sobre ella. El precio es de 450€, así que de momento, prefiero vivir un mes extra por Asia que darme ese lujo.

Si se quiere visitar la isla, solo se permite la parte central pero no las ramas, estas últimas solo para residentes.

CUARTO Y ÚLTIMO DÍA: ZOCOS DE DUBÁI Y SUBIDA BURJ KHALIFA

Nos levantamos tempranito, ducha y bajamos a dejar las mochilas en consigna. Volveríamos a recogerlas antes de coger el taxi al aeropuerto.

Salimos en dirección al barrio viejo de Dubái (parando en la estación Al Ras). Una vez allí nos dirigimos al zoco del oro que, como su nombre bien indica, está lleno de... cientos de vendedores que querrán venderte falsificaciones: polos y camisetas de marca, bolsos, gorras, relojes… Pero sí, también hay oro, MUCHO ORO. Desde colgantes, cadenas, pulseras, hasta pecheras y el anillo con el Récord Guinness al anillo de oro más grande del mundo. Tremenda animalada de anillo y, ojalá la foto pudiera recoger lo impactante que es en persona.


El famoso anillo
Después de eso, nos dimos un paseo por el zoco textil y el zoco de las especias, que ambos se encuentran cercanos al del oro (el más cercano a la estación de metro). Aunque estuve en Estambul (aquí dejo el enlace del post de cuando estuve por allí), no estuve en el Gran Bazar porque cerraba el día que fui, es conocidísimo por la cantidad enorme de puestos de especias, entre otras muchas más cosas. Los que han tenido la suerte de disfrutar de él, dicen que ni de cerca se parece al de Dubái, siendo este mucho más pequeño y menos variado.

Al terminar, paramos a comer algo en el Dubai Mall y nos fuimos al Burj Khalifa, estando el acceso dentro del mismo centro comercial. Teníamos entrada para las cuatro de la tarde. En cuanto a los tickets, se recomienda siempre que se compre con antelación para no quedarte sin uno el día que quieres entrar. En este caso, planearlo con antelación para así disfrutar de esta atracción de “alto” nivel. Hay diferentes tipos de entradas, una que te permite acceder a los pisos 124+125 (que es la que cogimos nosotros y el lugar desde el que sacamos la foto) y otra que te permite llegar hasta el piso 148.  La entrada que nosotros cogimos, tiene dos variantes dependiendo de la hora, si se coge entre las 8:30 de la mañana y las 2:30 de la tarde vale 120 AED (32€) y si se compra a partir de esa hora, sale como 45€. Esto se debe a lo que ellos denominan “prime hours”, me imagino que cobran más porque es el momento en el que llegas de día, ves el atardecer y después ves las vistas también de noche. Como el tiempo en el que te puedes quedar arriba es ilimitado, nosotros cogimos justo la hora previa a las famosas “prime hours” y esperamos un ratito más arriba para así poder ver el atardecer, y también las vistas de la noche. Con esto, nos ahorramos algo de dinero y cumplimos con el objetivo que queríamos de ver las vistas en esos dos momentos, además de otro bonito de atardecer. Últimamente, y creo que desde empecé a “aficionarme” un poco más a sacar fotos, estoy bastante obsesionado con los amaneceres y atardeceres y la magia que tienen algunos.
Una vez arriba, aprovecha para coger algo de wifi si tienes que matar algunas horas para actualizar las redes, hablar con tu gente (nosotros hicimos Facetime desde arriba unas cuantas veces), planear algo del viaje o de tu estancia y, ¿cómo no? para sacarte todas esas fotos que te apetece, siempre y cuando tu amigo no sea el vértigo.

Al llegar la noche, nos dimos cuenta del espectáculo de las fuentes cuando ya había empezado, así que tuvimos que esperar otra media hora para verlo de noche, pensando que íbamos a tener tiempo sobrados para volver al hotel y después al aeropuerto con tranquilidad. Nada más allá de la realidad, sí que estuvo genial verlo todo desde arriba pero la cola que había para bajar era tan larga, que después tuvimos que correr (mientras la gente nos miraba) por todo el centro comercial hasta el metro. Subiré un time-lapse más adelante para que se vea lo larga que es la distancia entre el metro y el centro comercial, aun estando conectado al mismo.

Llegamos al hotel, cogimos las mochilas en consigna, paramos a un taxi y al aeropuerto.

¡LLEGAMOS A TIEMPO!

¿QUÉ QUEDÓ POR HACER?
Como en el tercer día se nos fue un poco de las manos el irnos a acostar tan tarde, no estuvimos por la zona del Dubai Marina, ni dentro del Emirates Mall, donde se encuentra la pista de esquí indoor más grande del mundo.

DATO CURIOSO.

La presencia de diferentes zonas divididas en transporte público para mujeres y niños, y por otro lado, los hombres.

Si quieren ver más fotos o seguir las historias de mi aventura en Asia, pueden seguirme en mi perfil de Instagram: @agarciamen

miércoles, 18 de octubre de 2017

ME VOY A ASIA




Mi idea inicial y durante muchos años, siempre fue irme a Australia. Escuchaba maravillas del país, de su gente, de los paisajes, ciudades con mejor calidad de vida en el mundo, hablan en inglés…  todo me atraía de allí. Veía “Españoles por el mundo” o documentales del país y estaba como loco, llegué incluso a tener fotos impresas de Melbourne y Sydney en mi habitación en Houston. Entonces, cuando hace ya un año empecé seriamente a ahorrar para ello, mientras trabajaba en el campamento en Madrid y dando masajes en mis días libres, me di cuenta de que no quería gastar todo ese esfuerzo en un país tan caro.  

Pasaron los meses y la idea de viajar por toda Asia iba creciendo y creciendo en mí, seguía a blogueros hablando de sus experiencias por el sudeste asiático, preguntaba a amigos y familia que hubieran estado por allí y todos me hablaban maravillas: comida increíble, barata, preciosos lugares, la amabilidad de la gente...
Sabía que el dinero por allí me duraría mucho más, lo que significaba poder estar más tiempo, visitar muchos más lugares y además, el reto de ir a países donde el idioma ni la cultura son, ni de cerca, parecidos a lo que he experimentado anteriormente. Sí que es cierto que en inglés sales del paso en muchos lugares, sobre todo en las ciudades con mayor número de turistas, pero supone una nueva oportunidad de crecimiento y descubrimiento.

Cuando ya más o menos había ahorrado la cantidad que tenía pensada, dejé mi trabajo en Madrid, me volví a casa y puse a vender mi coche. Que, por cierto, vine en el famoso barco de Trasmediterránea que se quedó a la deriva y casi no llega a Lanzarote, sin información, luz, y apenas comida en las cuatro horas que quedamos en alta mar. Al caso, la misma noche que vendí mi coche, lo primero que hice al llegar a casa fue encender el ordenador y comprar el tan ansiado billete.

De los pocos que lo saben, muchos me dicen que ¿a qué voy a ir tan lejos? ¿que qué voy a hacer allí? ¿que cuánto tiempo me voy a quedar…?, ¿que cómo se me ocurre dejar el trabajo con lo a gusto que estaba?, ¿que con quién me voy?

A la primera, y segunda pregunta: voy a vivir. Voy a conocer gente, a probar cosas nuevas, a estar abierto a las experiencias y circunstancias que el viaje me va a ir dando y, con ello, quizás encontrar cuál es mi “propósito/vocación” en la vida, por llamarlo de alguna manera. El plan es, en gran parte, que no hay un plan establecido. Sí que tengo la idea de recorrer toda Asia, pero voy sin un itinerario definido a largo plazo. A día de hoy, lo único que tengo “cerrado” es lo que iré haciendo hasta el cinco de Noviembre, de resto, lo iré viendo en el camino.  

A la tercera pregunta: de momento solo tengo billete de ida. Puede que sean ocho meses, un año, que encuentre algo por allí y que me diga “Adri, esto es lo tuyo o este es tu lugar” o también puede pasar que a los cuatro meses se me cruce un cable por lo que sea y diga: “nené, suficiente, nos vamos pa’ casa”.

En cuanto a lo del trabajo, sí que es cierto que estaba contentísimo, que siempre lo estuve en Madrid, pero creo que este es el momento de hacer una cosa así, ahora no tengo ningún compromiso que me ate a estar en casa, no tengo hipotecas, ni ningún hijo-a al que tenga que atender. Siempre me digo que si no lo hago ahora que puedo, quizás más adelante no me sea posible y me quede siempre arrepentido.

Y sobre la última, me voy con Dany . Con el copiloto de siempre, con la persona que más se ha apuntado a mis aventuras o ha venido a visitarme siempre que ha podido y dondequiera que haya estado. Debe ser que los planetas se alinearon para esta vez, poder coincidir durante los dos primeros meses en lo que me gusta llamar “mi gran viaje”, que también será su viaje y que le dará a la aventura, un toque extra de alegría y, como muy bien él dice, aunque seamos diferentes, siempre acabamos por congeniar y complementarnos.

Como siempre, mil gracias a mi familia por apoyarme en todas mis locuras, siempre y sin condición. Sobra decirle que los quiero mucho. Y una vez más, estén tranquilos, me voy porque quiero, porque es lo que me gusta y hace feliz.

Y nada, a todos los que se unan a este viaje, siempre agradecidos, tanto por aquí como por mi cuenta de Instagram @agarciamen

Empezamos en Dubai…  

martes, 20 de junio de 2017

¿Qué vimos en Múnich, Viena, Bratislava & Budapest?

Una vez acabada nuestra ruta por Suiza, nos pusimos camino a Munich, lugar donde alquilamos el coche. Dejamos el coche en el aparcamiento de Hertz y dándonos la factura final, nos dimos cuenta de que nos estaban cobrando como 100€ de más. Subimos a la oficina y después de "pelear" un poquito con uno de los trabajadores y después con el que imagino sería su superior, decidieron quitarnos ese cargo extra. Creo que el hecho de decir que después de tantos años alquilando con ellos, jamás había tenido ningún problema y, sobre todo insistir, hizo que nos quitaran ese cargo. Una vez más, el que no llora...

Nos fuimos al centro de Múnich, dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a cenar algo, ya finalmente con precios normales. Una vez con el estómago lleno, que hacía siempre que viéramos las cosas con más claridad y con mejor ánimo, nos dimos un paseo por la ciudad. Bastante sorprendidos con los edificios que nos íbamos encontrando en el camino y con la locura que tenía la ciudad durante la noche. Es súper curioso como la gran mayoría iba bebiendo por la calle, haciendo escándalo y algunos hasta en el suelo acabadísimos y después todos esperaban como niños buenos hasta que el semáforo se pusiera en verde para cruzar la calle aún cuando no venía ningún coche. 

Al terminar el paseo, nos volvimos al hotel para descansar, ya que la "guagua" para Viena salía temprano. 
Cogimos un poco de lluvia en el camino y cuando llegamos a la estación, un poco justos de tiempo, estuvimos un poco perdidos y nerviosos hasta que finalmente encontramos el nuestro. Fuimos con la compañía Hëllo, comodísimos y por 19€ para las cinco horas de camino que tuvimos. 

Llegamos al calor de Viena, nos dimos una ducha para refrescarnos y quitarnos el empane después de las horas de viaje. Fuimos a comer el famoso Wiener Schnitzel a Figmüller (lugar recomendado por TripAdvisor). El Wiener Schnitzel o escalope vienés es un plato típico austriaco de ternera empanada, al que se le suele poner limón por encima, aunque yo preferí ponerle un poco de mayonesa. El filete era grandísimo y la verdad que te quedabas muy satisfecho una vez terminado.

Al terminar, nos fuimos a otro de los lugares emblemáticos de la ciudad, el Café Central. Una cafetería preciosa a la par que lujosa, que es considerada de atractivo turístico para muchas de las personas que visitan Viena. Nos tomamos un Café Melange y uno de sus deliciosos pastelitos de chocolate con helado de vainilla.
Continuamos de ruta por la ciudad, ya con más tranquilidad que cuando estábamos en Suiza, que íbamos de un lado para otro para poder hacer el recorrido que teníamos planeado. Nos sentábamos un rato, nos sacábamos las fotos más tranquilos, nos informábamos sobre el próximo lugar a visitar en el momento. Mucho más relajados y disfrutando del primer día del viaje estando en pantalón corto.
Durante una de las veces que leía sobre Viena había encontrado que se podían conseguir tickets a la famosa Ópera Estatal de Viena por 3 y 4€ estando de pie. Entramos al recinto y preguntando sobre tickets para esa noche, nos comentaron que no quedaban de los normales pero sí de los de 3 y 4€, que por lo visto mucha gente no es consciente de esa posibilidad. Pues eran las 6:15pm y el Lago de los Cisnes empezaba a las 7, la idea era quedarnos pero como estábamos en pantalón corto, después de dudar si sí o si no, decidimos ir rápido al hotel a cambiarnos para ver si llegábamos justo a tiempo. Cogimos un Uber, es una compañía súper conocida que básicamente funciona como un taxi pero que los que trabajan son personas particulares, y la empresa se lleva una comisión del trayecto. La conocí por primera vez en Chicago en el encuentro Fulbright que tuvimos y es una pasada. Empresa internacional enorme de transporte de personas que no cuenta con ningún coche, ¡ideón! Al caso, llegamos a las 7:04 y nos tuvimos que esperar al descanso de la obra para entrar, una vez dentro, ESPECTACULAR. ¡Vaya lugar! ¡Vaya obra! ¡Qué pasada por dentro! Aunque experimentarlo, vivirlo, el estar ahí y sentirte parte de ello no tiene comparación, creo que la foto permite hacerse una idea de la realidad. Un poquito antes de terminar nos salimos y cenamos en un puesto perritos calientes con salchichas típicas. Nos los comimos en un mirador/plaza con vistas al edificio de la Ópera. Barriguita llena y corazón contento, ¡diazo!

En nuestro séptimo día del viaje, recorrimos algunos de los lugares de Viena en los que no habíamos estado y cogimos un tren para ir a Bratislava, capital de Eslovaquia. La primera vez de mi hermano en tren, siento que el recorrido no haya sido el más bonito para él pero marcando una experiencia nueva. Ya vendrán mejores, lo que a ver si con mejor compañía =D.

En una hora llegamos a Bratislava, hicimos el check in en el hotel y como ya era mediodía fuimos a comer. El lugar ya estaba claro, otra viajera galdense me había recomendado probar los gnocchis con queso y bacon en el Flag Ship Restaurant. Pedimos eso y una bandeja de carne, todo riquísimo y para el lugar y la cantidad de comida que nos sirvieron, baratísimo. 
Una vez ya teníamos los depósitos de glucosa llenos, nos pusimos de paseo por la ciudad. Personalmente, creo que Bratislava es una ciudad que se ve en uno o dos días máximos, el centro histórico es bastante pequeño y todo se puede ver caminando en unas cuantas horas. Todo depende del ritmo que cada uno lleve pero para nosotros, en un día nos bastó para ver las principales atracciones de la ciudad y, sin duda, nos quedamos con el castillo y la Iglesia Azul. Mientras le sacábamos unas cuantas fotos apareció una señora preguntándonos si hablábamos inglés, y nosotros, pensando que nos iba a preguntar algo sobre algún lugar, nos contó TOOOOODA la historia de la iglesia.
Para cenar, miramos en TripAdvisor por recomendaciones de algún restaurante tailandés y acabámos yendo a Green Buddha. Pedimos Pad Thai y Pollo al Curry, que estaba picante no, lo siguiente a eso. El restaurante muy acogedor, con luces bajas y decoración oriental. Terminamos la noche con un helado para quitar el gusto picante y caminando al hotel para bajar la comida.

Al día siguiente, nos levantamos pronto para ir a desayunar y buscar la estación de guagua para ir a Budapest, nuestro último destino. Después de cuatro horas de trayecto, más 15 minutos de taxi que cogimos, llegamos a nuestro hotel. Tuvimos que cambiar algunos de los euros que teníamos a florines  (forintos) húngaros para poder pagar el taxi. Una vez llegamos, pudimos comprobar que los precios eran de los más barato del viaje.

El ritmo de viaje que llevamos está pasando factura, entre levantarnos temprano por la mañana más todas las caminatas que estamos haciendo decidimos tomarnos un día muy relajado. Buscamos un lugar para comer en TripAdvisor (no me llevo comisión por la promoción) y acabamos en Bors Gazstrobar. Un lugar pequeño de bocadillos y sopas riquísimo, a precio muy barato y que aunque no tenía mesas, había una barrita. Muchas de las personas se los comían fuera o se iban a algún otro lado a comer, como hicimos nosotros, que nos fuimos a un parque cercano. Lo que llevan los bocadillos está escrito en inglés y húngaro pero las sopas solo están escritas en su idioma. Si hablas inglés, no tendrás ningún problema, ya que todos los trabajadores, además de ser muy simpáticos y serviciales, sabían inglés perfectamente. Lugar con un clima auténtico y tranquilo. Algunos de los nombres de los bocadillos eran: el Barack Obama, Thai Massage o French Lady.

La zona en la que nos estábamos quedando estaba súper céntrica y aprovechamos para dar un pequeño paseo por la zona, nos tomamos un cafecito y mientras, mirábamos los típicos artículos de "qué visitar en Budapest en 2/3 días" o "what to visit in Budapest". Mi hermano miraba en español y yo miraba en inglés, como si la ciudad fuera a cambiar las atracciones que tenía por mirarlo así...

A la noche, fuimos a ver el Budapest Eye, que es una noria grande en la que se puede apreciar unas bonitas vistas de la ciudad. Intenté hacer unas cuantas fotos nocturnas con el obturador abierto más tiempo de lo normal pero no quedé contento con el resultado de ninguna. A ver si me pongo a mejorar ese tipo de fotos y voy sacando cositas diferentes. 

Ya cuando empezó a apretar el hambre nos fuimos a comer a un lugar famoso de hamburguesas que se llama Lucky 7, vaya espectáculo de hamburguesas, buenísimas. Cerramos el día con un corto paseo por el río y de vuelta al hotel.
La ciudad está dividida por el río Danubio, a un lado se encuentra "la ciudad de Buda" y al otro "la ciudad de Pest", nosotros dormíamos en Pest. Vimos lo que nos quedaba de Pest, destacando la Ópera Central de Hungría, el Mercado Central (donde compré algunos recuerdos) y, como lugar más impresionante, el Parlamento de Budapest. 

Una vez visto el Parlamento, teníamos como lugar de destino el Castillo de Buda, pero con la idea de ir parando en cada lugar que nos gustara en el camino. Caminamos durante horas esa mañana y una vez estábamos en la base del castillo, subimos cogiendo el funicular. Aunque el Castillo de Buda es bastante imponente, claramente me quedo con lo alucinante de la arquitectura del Bastión de Pescadores.

Una vez visto una gran parte de Pest, siempre se suelen quedar algunas cosas por ver y nosotros tratamos de priorizar basándonos en el tiempo que tenemos y lo que nos llama más o menos la atención, bajamos a coger un taxi al hotel. Íbamos con el tiempo ajustado para entrar a los baños termales de Széchenyi, teníamos hora de entrada a las 5 y queríamos aprovechar las horas de sol para disfrutar de la tarde. El balneario es uno de los más grandes de Europa y cuenta con 15 piscinas, 3 exteriores y 12 interiores, más salas de saunas, baño turcos o cabinas para masaje. Para mí, lo mejor de todo, es estar bañándote fuera o estar relajado en la hamaca y ver los preciosos edificios que te rodean. En el interior, una de las piscinas es una pasada: los arcos, las columnas y la luz te hacen transportar a otra época. Fantástica forma de terminar la tarde.

Nos volvimos al hotel, dejamos las cosas y nos fuimos a cenar al restaurante italiano Al Dente. Llegamos 20 minutos antes de que cerrara y estaba llenísimo. De hecho, tuvieron que decirle a un grupo de 7 personas que no tendrían tiempo para ellos. También es verdad que se pusieron demasiado insistentes con la camarera. Nosotros nos acercamos para decirle que si tenía alguna posibilidad para dos personas, genial, si no, pues que no pasaba nada. Estaba claro que la chica estaba estresada y tratamos de ser lo más comprensivos posibles. Al final, acabó haciéndonos un hueco y cenamos pizza y lasaña. Cuando ya cerraban y estaban limpiando, uno de los trabajadores puso el disco de Born to do it de Craig David, que de hecho llegó a mis oídos en el año 2000 por mi hermano. Siempre ha sido un clásico y creo que su mejor disco con canciones como "7 days" o "Walking Away", de mis favoritas de siempre en general. Y así acabó nuestra última noche en Hungría.

En nuestro último día, fuimos a desayunar por ahí y nos pasamos toda la mañana haciendo algo que ya contaré más adelante. Después de eso, comimos una cantidad exagerada de comida turca por un precio de risa y nos fuimos al aeropuerto. Traté de buscar la compañía que ofrecía este transporte por un muy buen precio y de manera directa pero debe ser que borré los correos donde tenía la información de la compañía. Me hubiera gustado promocionarlos porque era una empresa que llevaba solo 3 meses funcionando y ofrecían transporte directo al y desde el aeropuerto al centro de Budapest, algo que no es posible a no ser que pagues una cantidad bastante alta o cojas dos guaguas para llegar, más el tiempo exagerado que se tarda en llegar.

Con esto, y después de cuatro horas de vuelo llegamos a Madrid a las 12 de la noche. Dormimos en casa y al día siguiente, le regalé a mi hermano un masaje (y yo me di otro) por el día de su cumpleaños y después nos fuimos a comer al Goiko Grill, que después de haber probado este fin de semana las de Hamburguesa Nostra, creo que se llevan (de momento) el galardón a la mejor hamburguesa de Madrid.
Dejé a mi hermano en el aeropuerto para ir a Gran Canaria y ahí se separaron nuestros caminos. Yo, para seguir asándome de calor en la capital y seguir luchando por lo que quiero. Y él, para volver fresco al paraíso después de unas vacaciones por Europa.

Como cierre de estos diez días juntos viajando por ahí, quiero decir que me siento agradecido una vez más por tener la oportunidad de viajar, de conocer mundo y de seguir creciendo. Esta vez, junto a mi hermano, en una experiencia total y que seguro, en cualquier otra parte del mundo, volveremos a repetir.






lunes, 29 de mayo de 2017

Suiza, tierra de sueños

Al cabo de unos días de saber que tenía la posibilidad de cogerme unas semanas de vacaciones en el trabajo me escribe mi hermano diciendo que si queríamos hacer un viaje juntos. En un principio, mi idea era ahorrar todo lo posible para después de verano irme por ahí, y aunque esa sigue siendo el plan, tendré que trabajar algo más para llegar a la cantidad aproximada que quiero ahorrar para la siguiente aventura. Pero, el hecho de que nunca hubiera ido de viaje con mi hermano y que coincidiéramos esas semanas libres, hizo que al final me decidiera por hacerlo. Sabía que esto retrasaría un poco mis planes pero que, sin duda, iba a merecer la pena.

Después de mirar distintas posibilidades y destinos nos decidimos por visitar Suiza, por decisión propia y, por decisión conjunta, Munich, Liechtenstein, Vienna, Bratislava y Budapest. Seis países en 9 días, algo ambicioso pero posible. En esta entrada del blog hablaré principalmente de Suiza y ya cuando tenga algo más de tiempo, escribiré sobre el resto de países/ciudades visitadas.

¿Por qué Suiza? Pues bueno, uno de esos tantísimos días en los que se te van las horas haciendo nada en Facebook me encontré con un vídeo de un chico en un tobogán en medio de las montañas, en Kandersteg. Recuerdo haberlo visto infinidad de veces y decirme, "ahí tengo que ir yo, qué pasada de sitio". Pues sin nunca haber tenido Suiza como destino a corto plazo, se puso ahí en la cabeza desde hace como un año. Es un tobogán (por llamarlo de alguna manera) en el que te deslizas por 750m de bajada con unas vistas increíbles en medio de los alpes. Para llegar, hay que coger el teleférico que sale 20 francos suizos (que equivalen más o menos a 20€) y el tobogán cuesta una tirada 5€ o cinco tiradas 20€ (y, evidentemente, no fuimos hasta allí solo para tirarnos una vez, ¡se hace poco!). Como sorpresa, una vez estás arriba hay una caminata de al menos veinte minutos que te lleva al lago Oeschinen. Creo que en mi vida había visto un lugar tan bonito como ese, lugares así me hacen sentir enano, me hacen sentir que el espacio que ocupamos en el mundo es nada (qué profundo...). Si en Gran Canaria hay lugares mágicos que no conocía después de llevar viviendo allí 28 años, ¿cómo no los va a haber por todo el mundo?

 
Como todo esto lo vimos/hicimos en nuestro último día en Suiza, vamos a "deslizarnos" al inicio del viaje. Yo había vuelto desde Madrid para pasar unos días antes en casa y salir con mi hermano desde Gran Canaria con vuelo directo a Munich con Norwegian Airlines. Una vez allí, alquilamos coche con Hertz y nos fuimos directos a Zurich, aproximadamente unas 3 horas y media de trayecto, cruzando frontera con Austria y ya a Suiza. Para conducir en Suiza sin ser multado hay que pagar una "viñeta" que se pega en el cristal del coche por una cantidad de 38€ y tiene una validez de un año y no hay manera de pagar menos aunque sea para visitarlo dos días. Creo que hacía falta también en Austria (por 10€ o algo así) pero como solo cruzamos frontera cuando conducíamos decidimos no pagarla. Estas viñetas se pueden comprar en las gasolineras cercanas a las fronteras de los países.

Zurich fue, a nuestro parecer, pequeñita y encantadora. Llegamos cuando ya estaba oscureciendo y la ciudad lucía preciosa y llena de vida. Para ser un día entre semana había mucho movimiento y nos encantaron las luces y cómo se veían los edificios durante la noche y los reflejos con el río Limmat, que cruza la ciudad y acaba juntándose con el lago de Zurich. Al dia siguiente, decidimos levantarnos a las 6:30 para ducharnos, desayunar algo cerca del río y explorar la ciudad. Esa noche, sabiendo de lo caro de la ciudad, buscamos un Mcdonalds pensando que estaría bien de precio y acabamos pagando 16€ por un menú, habiéndolos de hasta 20€...¡suerte amigo!
   
       
Desde ahí salimos a Vaduz, la capital de Liechtenstein, que se encuentra a una hora y media de Zurich y pasamos un rato viendo el centro de la ciudad, destacando la iglesia y el castillo, que nos encantó. Aún recuerdo la paz y el sonido de los pájaros cuando estábamos cerca del castillo.

Una vez terminamos con Vaduz nos fuimos a Locarno (donde dormiríamos esa noche), dejamos las maletas en el hotel (con unas vistas geniales al Lago Maggiore) y salimos rápido a Lavertezzo, otro de los motivos por los que quería ir a Suiza.
          
Aunque la razón principal siempre fue el tobogán, siguiendo algunas páginas de Instagram sobre viajes me encontré con otro lugar increíble. Un río de aguas cristalinas, el Verzasca, que se encuentra en Lavertezzo. Fue verlo y pensar, "algún día me bañaré ahí, qué pasada de sitio". Pues después de subir media hora en coche desde Locarno, llegamos a ver un poco escondido el famoso puente de dos ojos característico del lugar. 
Fue bajarnos del coche y alucinar, cómo era posible que un lugar así se encontrara ahí, en medio de la nada. Me vinieron a la cabeza todas las fotos que había visto del sitio y ninguna de las imágenes podía hacer justicia a lo que suponía verlo en directo. Después de unas cuantas fotos, de explorar y asimilar lo bonito del lugar, decidí darme el baño. Aunque hacía bastante frío y el agua estaba helada, sabía que si no me daba un baño iba a arrepentirme siempre. Así que, después de pensármelo varias veces, fuera ropa, me pongo el bañador y pa' dentro. Creo que tardé más en salir que en entrar, jamás me había bañado en agua tan fría pero cumplía uno de mis sueños. Un lugar grandioso...
                      
 Al día siguiente, fuimos camino a Grindelwald, por otra de las fotos que había visto en Instagram durante las navidades. Dimos un paseo por la montaña, intentamos subirnos a un tobogán diferente que había ahí pero lo abrían a las dos semanas, cuando el tiempo acompañara más. 

De ahí salimos a Interlaken y nos quedamos en un hotel súper auténtico: todo de madera, con una pequeña terraza y con habitación con vistas al río que estaba justo al lado. Un lujo dormirse y despertarse escuchando el agua correr.


Para la cena, como en muchos de las otras ciudades buscamos recomendaciones en Tripadvisor. Acabámos en un hostal que era famoso, entre otras cosas, por sus hamburguesas. Nos atendió e hizo las hamburguesas un chico muy agradable de Nottingham (Inglaterra), por lo visto, empezó a trabajar en una temporada de invierno y sigue ahí encantado después de 3 años. 
En nuestro cuarto día, en teoría íbamos directamente a Berna pero después de haber leído en un blog la noche anterior de dos paradas que habían hecho dos viajeros en el camino desde Interlaken, decidimos incluirlas también en nuestro viaje. Comenzamos parando en Spiez, con su precioso castillo al lado del lago, perfecto lugar para comernos algo y disfrutar de la serenidad que se vivía. Solo había unos cuantos asiáticos por allí y de resto se sentía una calma impresionante. Otro lugar en el que te sentías diminuto, tremendo lago entre montañas en este pintoresco pueblo pesquero.

La segunda parada la hicimos en Thun ("tá cuá pum pum, bocadillo de atún"), esta pequeña ciudad tenía mucha más vida que Spiez y se experimentaba mucho más ambiente y movimiento, con gente comiendo en las terrazas, paseando y muchos más coches de los casi inexistentes en Spiez. Como principales atracciones tenía un castillo, una iglesia y el río cruzando la ciudad con unos puentes de madera enormes.
        
Una vez en Berna, dejamos las cosas en el hotel, nos tomamos un cafecito en la terraza hecho con la máquina Nespresso que tenía y vuelta a patear por el centro.  Descubrimos, después de pasarnos pagando aparcamiento todos estos días que, con una tarjeta que se obtenía de manera gratuita, podíamos dejar hasta hora y media el coche sin pagar en determinados lugares de la ciudad. Empezamos en el mirador del Jardín de las Rosas, donde las vistas de la ciudad son impresionantes y bajamos hasta la fosa donde se encuentran los osos (el símbolo de la ciudad de Berna), que se pueden ver desde la parte de arriba. Jamás había visto osos desde tan cerca y aunque no estaba de acuerdo con que estuvieran en la fosa, me siguió pareciendo igual de impresionante. Seguimos adentrándonos en la ciudad para ver las famosas fuentes y la Torre del Reloj, hasta llegar a la Catedral de Berna. Finalmente, terminamos la ruta con el Palacio Federal y un pequeño mercadillo que hay a las afueras de él con música que creemos que era típica y degustando algún que otro queso y chorizo que tenían en exposición.
           
Como conclusión propia (y creo que mi hermano también coincide en esto) Suiza me parece un país carísimo (y lo digo después de haber estado en Islandia en Enero), a la par que alucinante en cuanto a paisajes y su naturaleza, en el que se vive relajadamente y donde la gente es muy civilizada. No recuerdo escuchar ningún grito por la calle ni gente haciendo escándalo.
En cuanto a la conducción, había leído que Zurich era "radarlandia" y que la gente no se pasaba ni un km/h de más pero nuestra experiencia en el país me dice que sí que es cierto que no conducían a una velocidad desmesurada pero sí que pasaban del límite de velocidad al menos unos 10-20km/h por autopistas e imagino que frenando para evitar los radares en las zonas de ciudad. En cualquier caso, nosotros íbamos copiando a todos los que tenían matrícula Suiza y, esperamos no recibir ninguna multa en el futuro.

Y con esto, que me llevó más tiempo del esperado, queda pendiente el resto del viaje.

¡Nos vemos pronto!